En un bol grande, mezcla todos los ingredientes hasta formar una pasta homogénea, batiendo por 2 minutos.
Forra una bandeja de horno con papel sulfurizado. Con las manos, forma pequeñas bolas de 3 cm de diámetro y aplástalas ligeramente para darles forma de galleta.
Precalienta tu horno a 200 °C con calor arriba y abajo. Hornea las galletas durante unos 10 minutos o hasta que estén doraditas en los bordes.
Retira las galletas del horno y déjalas enfriar completamente sobre una rejilla durante al menos 15 minutos para que se pongan crujientes.
Una vez frías, guárdalas en un recipiente hermético para mantener su frescura por hasta 5 días. ¡Disfruta!