Empieza transformando las fresas frescas en una mermelada o salsa. Corta las fresas y colócalas en una cacerola con agua suficiente para cubrir apenas un dedo de altura y 50g de azúcar.
Deja que las fresas se suavicen y, cuando estén bien tiernas, licúa la mezcla. Vuelve a llevarla a la olla y deja hervir, removiendo de vez en cuando, hasta que se forme una salsa espesa con textura de mermelada. Cuando alcance el punto ideal, apaga el fuego y reserva para que enfríe.
Para preparar el bizcocho, coloca en un bol los huevos y 150g de azúcar. Además, aromatiza con unas gotas de esencia de vainilla.
Bate a máxima velocidad con el accesorio de globo hasta que la mezcla aumente su volumen y se vea blanquecina y espumosa, alcanzando el punto cinta o letra. Para comprobarlo, levanta un poco de la mezcla: el trazo debe permanecer visible unos segundos antes de desaparecer.
Incorpora la mantequilla derretida y bate a velocidad baja solo lo suficiente para integrarla.
Añade el yogur, que debe estar a temperatura ambiente, y mezcla suavemente a velocidad mínima.
En otro recipiente, mezcla los ingredientes secos: harina, polvo de hornear y una pizca de sal. Incorpóralos a la mezcla principal con una espátula de goma, utilizando movimientos envolventes para mantener la estructura aireada.
Vierte la masa en el molde intercalando capas con la mermelada de fresa: primero un poco de masa, luego algunos hilos de mermelada distribuidos de manera uniforme, y repite hasta terminar.
Con un palillo o brocheta, remueve ligeramente para que la mermelada se integre en forma de vetas y no quede demasiado concentrada en un solo lugar. Hornea a 165 °C durante unos 40 minutos, o hasta que al insertar un palillo este salga limpio.